martes, 11 de diciembre de 2012

Buscan tumbas comunes de peones fusilados en 1921 en la Patagonia

Homenaje del 8 de diciembre frente a la zona de los
fusilamientos. (Foto de Sergio Villegas, La Opinón Austal
Vecinos de El Calafate, la Universidad Austral y la estancia La Anita, acordaron investigar el sitio para hacer las excavaciones. Pobladores memoriosos  rescatan la historia callada.


"Desde hace años que reclamamos el derecho a 
buscar en la zona a las tumbas masivas de los 
trabajadores rurales fusilados en las huelgas de
 1921", indica Luis Milton Ibarra Philemon, historiador
 y director del Centro Cultural de El Calafate, suroeste
 santacruceño. Desde 2006 el también ex director de
l Archivo Histórico de esa ciudad y vecinos de la zona
 formaron la Comisión en Memoria de las Huelgas
 del 21, para resguardar la memoria, pedir la
 investigación de las tumbas masivas y proteger el
 lugar donde se levantaba el viejo monolito hecho en
 1996 por estudiantes y el municipio.

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Desde entonces, la comisión ha mantenido reuniones con los responsables de la estancia para ser autorizados a realizar la obras en las laderas de los cerros que rodean a la zona.
La tradicional familia Braun y su actual propietario, Federico Braun, ya habían permitido algún ingreso al campo.
Represión. El sitio de las tumbas se halla a un costado de la ruta provincial 15, a 40 kilómetros de El Calafate. Ibarra Philemon indica que se supone que al menos 600 peones fueron enterrados allí, de los 1.500 que se estima que fueron muertos por el Ejército, cuando el gobierno de Hipólito Yrigoyen ordenó terminar con las huelgas obreras. Desde entonces, Ibarra Philemon y los miembros de la comisión han mantenido reuniones con los responsables de la estancia para realizar la investigación. En un documental realizado por Osvaldo Bayer en 2006, Braun dijo que compró la estancia La Anita a familiares y que por lo tanto no tiene por qué tener culpa alguna sobre lo sucedido. El empresario aceptó realizar excavaciones en sus tierras, para investigar las fosas, "siempre y cuando no dañen el ambiente".
"El acuerdo con el estanciero permitirá la labor en el lugar para hallar las tumbas. Todo se halla documentado, creemos que fueron enterrados a unos 200 metros del casco de la estancia, entre esas edificaciones y el monolito", señala.
El reciente 8 de noviembre, al realizar en el sitio el acto recordatorio de los 91 años de los aberrantes sucesos, se difundió el acuerdo, que indica: "La Estancia Anita S.A. autoriza a la institución científico académica que determine el Archivo Nacional de la Memoria a realizar los trabajos de investigación necesarios para la detección de tumbas masivas en el predio de propiedad de la estancia que se encuentra frente al cenotafio de la ruta 15".
Identidades. Sobre la identidad de los fusilados, el investigador y colaborador de Bayer, el médico comodorense Roberto Suárez Samper, en Señales del 2 de marzo de 2008 dijo que "se empleaban peones sin familia para ahorrar, muchos ni tenían documentos y en el caso de los chilenos la mayoría no sabía leer y había perdido contacto con sus parientes. Por esa razón se estima que no hubo reclamos de los familiares por los fusilados, lo que permitiría abrir causas por los crímenes. Sólo se hallaron algunos parientes".
El equipo buscará en toda la región
Milton Ibarra Philemon explicó que “en 2013 comenzará a trabajar un equipo de la Universidad de la Patagonia Austral. Para ello se destinará una partida presupuestaria para financiar las labores de los arqueólogos y otros investigadores”. También dijo que la búsqueda de los restos humanos también se desarrollará en otros sitios de la región donde se produjeron matanzas, como en Lago Argentino, Centinela, Los Perros, entre otros”.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La pedagogía de la desmemoria no pudo borrar todas las huellas

Huellas: Documentos sobre la evangelización forzada, campos de concentración y el exterminio, son rescatados con rigor por Marcelo Valko para “desmonumentar” a los genocidas.
     “Recorremos el país mostrando las pruebas que documentan el genocidio cometido por Avellaneda, Mitre, Sarmiento y Roca. Eso hombres no era eran sólo malvados, tenían un proyecto político. A pesar de sus pugnas de élite, diseñaron el país chiquito y para pocos que hoy tenemos”, afirma Marcelo Valko, investigador y autor de "Pedagogía de la desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible", (2010).
“Si queremos una Patria justa no podemos tener en pedestales a gente con prontuario. La justicia no puede juzgar a esos genocidas, pero castiguemos su memoria”, resalta el fundador de la cátedra Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia de la Universidad Madres de Plaza de Mayo.
En un andar por el país, Valko pasó por Rosario, invitado por el colectivo NADyES (Nacimos diversos y estamos siendo), en el centro cultural de La Toma (Tucumán 1329). “El Facundo”, Sarmiento dice: “El destino de Argentina está en exportar materias primas e importar manufacturas: Los españoles no somos ni navegantes ni industriosos, y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos a cambio de nuestras materias primas, y ella y nosotros ganaremos en el cambio”.
Valko explica que “a esos políticos no les importó perder el Alto Perú. Mientras EEUU comía tierras a México, para Sarmiento “el mal de Argentina es su extensión”. El investigador asegura: “La burguesía era de una mente muy chiquita e hizo un país a imagen y semejanza de su pequeñez mental”.
“Con Osvaldo Bayer, queremos que esos genocidas que dan su nombres a calles y monumentos ocupen el lugar que merecen y que se recuerde a los verdaderos y generosos patriotas, esos que como Castelli, Moreno y Belgrano no fueron vencidos en batallas, pero fueron traicionados como también pasó con la revolución de Mayo. El Himno Nacional dice: “que nos gobierne la noble igualdad”, resalta el licenciado en Psicología.
El compromiso y rigor científico de Valko se comprenden cuando con humildad cuenta: “Tengo dos libros enterrados, uno en 2007 en Abra Pampa (Puna jujeña) y otro en 2009, Naranjo (Salta). Fue un gran honor, en una ceremonia que llaman corpachada ofrecieron los libros a la Pachamama, para que logren contar lo sucedido”, señala
En “Pedagogía de la desmemoria.” trabajó con “documentos de los registros del Ejército, Armada, salesianos, lazaristas y del arzobispado. Pero Bergoglio tardó cuatro meses en abrirnos el archivo. Luego me dijeron que me iré al infierno”.

Depósitos y conversión de indios

Valko resalta la responsabilidad de científicos y sacerdotes en el exterminio. “En Martín García los indios son aislados, instala un horno crematorio y reintroduce la esclavitud, abolida por la Asamblea del Año XIII. El cirujano jefe de la guarnición militar de la isla se refiere en una carta a la aplicación de vacunas con viruela. Se usaron médicos del Ejército y Armada para ese método de exterminio directo”.
“Roca instrumentó los llamados “depósitos de indios”. Mencionados por Estanislao Zeballos cuando escribía: “Arrojenlos al depósito de indios”. El publicista de la campaña al sur afirmaba: “La barbarie está maldita y no quedó en La Pampa ni vestigios de sus huesos”.
En 1879, el gobierno dijo que trasladó 10 mil prisioneros patagónicos para trabajar en industrias y servidumbres en el Norte, Mendoza y Martín García. En 1883, un informe oficial habla de 20 mil secuestrados.“En Patagonia, los originarios pertenecían al ejército, pero al ser capturados pasan al Consejo que administraba ese depósito, que existían en Trelew, Valcheta, General Conesa. Carmen de Patagones, Bahía Blanca, Azul, Junín, Retiro, Base Naval del Tigre e isla Martín García”.
“El país tenia campos de concentración más grandes que la ESMA y antes a Videla. Fue enorme la complicidad de arzobispo porteño León Federico Aneiro, creador del Consejo para la Conversión de Indios al Catolicismo. Avaló el siniestro reparto de niños. Además, antes de marchar al sur, Roca había promocionado la campaña prometiendo liberar a mujeres raptadas por los bárbaros. Pero, tras sacarlas de las tribus, por haber tenido relaciones con los indios fueron llevada con sus hijos a la isla”.

Limpieza de plazas

Valko rescata, “como dicen los chicos, se está desrrocando al país. No queremos romper estatutas o chapas, ya hay muchos proyectos basados en rigurosos datos para retirar esos nombres. Contamos con mucha colaboración y apoyo, desde algunos ediles a los maestros del sindicato de docentes bonaerenses (Suteba) y la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA) planteamos la campaña “Ni genocidas ni explotadores en plazas y calles de la República”.
“El preámbulo de la Constitución -agrega- habla de un país abierto a todos los pueblos del mundo, esa generación quería anglosajones pero llegaron españoles e italianos. Lo criollo será algo despreciable y se habla del cabecita negra. Luego, Evita, para reinvertir semánticamente la cuestión, los nombra como “mis gracitas”, “mis cabecitas”.
Sobre su libro, señala: “El objetivo del trabajo no está en el estante de la biblioteca, sino en denunciar la pedagogía de la desmemoria que construye un país de excluidos, marginales e invisibles. Hay que reparar la usurpación de tierras”.
También reproduce un documento con la lista de indios bautizados en enero de 1879 en Martín García, y “todavía vivos el primero de abril” del mismo año. “Se difundía eso en un diario de la época porque ser lo tomaba como un logro de los curas”, remarca.
Valko cuenta que su padre trabajó 7 años en un aserradero en Paraguay. “Vivíamos frente al Paraná y la gente de la firma entraba en la selva por madera y expulsaba o mataba a indios. Con mi hermano, al bajar picadas para pescar veíamos cadáveres flotando en el río. Había mucha explotación y pobreza, yo no entendía qué pasaba, pero eso me quedó. Al volver a Argentina estudié Psicología, debía haber ingresado a Antropoplogía, pero con esa formación tengo otra visión, no encapsulada y soy como un francotirador que toma el tema desde otro lado y siempre con rigurosidad y ética”.

La construcción del desierto

“Roca era cruel -agrega-, hasta con su tropa. No marchó al sur en primavera, fue en invierno. Oficiales que lo admiran, como Oloscoaga, escribieron: “Amanecí con 16º bajo cero, las pasturas están congeladas, debemos palmear a los caballos aterridos de frío”. Cuando Roca llega a Choele-Choel, el 25 de mayo 1879, regresó de inmediato a Buenos Aires en barco y renuncia al Ministerio para dedicarse a la campaña que lo llevaría en un año a la presidencia del país”.
Valko explica que “La campaña fue para construir al desierto y hacer desaparecer a los indeseables”. Ya como presidente, Roca admitió: “Al final, descubrimos que no había indios”. También reconoció que Alsina cargó “con la tarea de exterminar a la mayor parte de los hombres de lanza”. En marzo de 1879, “La Libertad” señalaba: “No han quedado 200 hombres armados ¿qué objeto hay en expedicionar con 6.000 veteranos?”.

lunes, 20 de agosto de 2012

domingo, 22 de julio de 2012

domingo, 8 de julio de 2012

La hipótesis calchaquí y sus refutadores


Mapa de sitio de Puerto Gaboto: del cartógrafo español, Juan de la Cruz Cano y Olmedilla de 1775, publicado en 1799. Se observa al norte del río Carcaraña a la reducción de calchaquíes.


Rosario, sin rito de fundación y acta con sellos,  debería ser refundada desde sus cobrizos orígenes

Pensar que la noble y europea ciudad de Rosario haya surgido de un asentamiento de naturales paridos en las más cobrizas tierras, y no de descubridores y conquistadores de lo ajeno, preocupa a los que inventan un pasado de castellanos linajes de mercenarios, contrabandistas y traficantes de armas que luego levantaran sus palacetes en  el Paseo del Siglo.
“Las tribus calchaquíes, originarias del noroeste argentino, afincadas en parte de los que hoy es Salta, Tucumán y Catamarca conocieron a la llegada de los españoles los tropiezos del choque entre ambas civilizaciones. En ese esfuerzo por prevalecer, algunos no reprimían su belicosidad, y otros más tranquilos fueron encomendados en Santiago del Estero, cerca del río Dulce”, indica Amadeo Soler en la  “Historia de Puerto Gaboto, Siglo XVIII”, publicado en la revista Historia de Rosario, N° 39 , de 1989.
  El historiador explica que los calchaquíes que no se dejaron someter fueron reprimidos por Gonzalo de Abreu  y Juan Ramírez de Velazco, gobernadores en 1577 y 1588.  Se fueron desplazando al sur y llegaron al río Salado, cerca de la actual capital santafesina, “bajo un régimen de reducción guiado por frailes franciscanos”,  agrega.
Pero, los originarios de esa zona: mocovíes, guaycurúes y abipones los fueron corriendo y los calchaquiés llegaron a instalarse a orillas de los ríos Carcarañá y Coronda.
En tanto, el considerado primer historiador y periodista de Rosario, Pedro Tuella, quien en 1802 colaboró con el célebre Correo Historiográfico del Río de la Plata, dejó su registro: “Godoy vino a Rosario con los calchaquíes o que los calchaquíes vinieron con Godoy”. Ese grupo de indígenas fueron contratados para trabajar en lo del Capitán Gómez Recio”.
“El cacique Tomás Lencinas como cabeza principal de la tribu era con quien debían contratar las autoridades administrativas españolas mientras, Francisco de Godoy pactaba con el dueño o el capataz de la estancia”, agrega.
De esos datos surgieron los debates, disputas y ocultamientos. Wladimir Mikielievich, también en la revista antes mencionada, asegura que en base a los documentos de la época “hasta el 28 de julio de 1741, no se asentaron en esta región, contrariamente a la teoría que sostiene Sebastián Soler que una reducción de indígenas en 1720 ya habitó con el nombre de Nuestra Señora del Calchaquí adorando una virgen de ese nombre”.
Pero, Gustavo Ernesto Demarchi afirma: “Los primeros rosarinos eran indios”. En su “Hipótesis calchaquí” (2009), el investigador indica: “Se ha sostenido que Rosario no tiene acta de fundación y que no hay constancia fehaciente de que dicho trámite haya ocurrido alguna vez. Se dice, que la que ahora es gran urbe, primero fue un lugar de paso y un paraje apenas conocido; a continuación, se convirtió en un caserío ribereño; luego devino en un villorrio que fue adquiriendo el perfil de pueblo extenso; finalmente, promediando el siglo XIX, sería reconocida como ciudad”.
También consigna que esos “primeros moradores, provenientes de la reducción indígena del Salado Grande ubicada al norte de la ciudad de Santa Fe, que fuera desbaratada por los agresivos abipones en 1706, al migrar conservaron una imagen tallada en madera de la Virgen Nuestra Señora del Rosario”, como consecuencia de las enseñanzas coloniales de los religiosos.
Los españoles asentados en nuestra ciudad no contaban con una reliquia de peso. “Hasta la llegada de Godoy y sus indios amigo”, la Virgen de la Concepción era la patrona de la región (una zona imprecisa que se encontraba, bordeando el Paraná, entre los límites naturales fijados por el río Coronda al norte y el arroyo Arrecifes al sur)”, explica el historiador fallecido hace dos años.
En su costumbre de apoderamientos varios, los españoles también tomaron a la reliquia que tenían los calchaquíes y la  entronizaron en la capillita levantada para ella. Dicen los registros que el padre Ambrosio Alzugaray, logró que “las autoridades eclesiásticas de Santa Fe negaran a los indios el derecho de propiedad de la impoluta figura, la que quedó en custodia de los estancieros españoles y de dicho sacerdote. Otros afirman que los calchaquíes entregaron voluntariamente la Virgen sin que se apelara a artilugio o a intimación alguna”, resalta Demarchi.
Y afirma: “Los aborígenes no sólo fueron los primeros rosarinos, 130 años antes de que el Pago de los Arroyos se convirtiera en ciudad portuaria de importancia, sino que, al instalar la preciada imagen religiosa en lo que hoy es el centro institucional de la población, le dieron el nombre que habría de perdurar hasta nuestros días. Esta doble circunstancia les otorga a los nativos una indiscutible paternidad fundacional, tanto material como simbólica, que debería ser reconocida con amplitud y franqueza por parte de los actuales habitantes de la ciudad. La hipótesis, sin embargo, ha sido combatida denodadamente”.
En otra fuente consultada, la “Cronología Histórica de Puerto Gaboto”, el profesor  Ricardo González, registra: “En 1730, un orden escrita del 23 de marzo manda al cacique Tomás Lencinas (calchaquí) que forme sus tolderías y ocupe el fuerte del Paso del Carcaraña (Puerto Gaboto) para protección de viajeros y para que combata a indios sublevados. (Orden del  gobernador de Bs As don Bruno de Zabala)”.
“Agrega: “1734-1740: Existencia de poblado de indios y guardia del Carcarañá en el Rincón de Gaboto (Pueblo llamado Calchaquí). 1740: Una parte importante de los indios calchaquíes se traslada hacia el sur dando origen al núcleo que luego será Rosario”.
Sobre los calchaquíes, resistentes al ingreso de invasores quechuas o grupos llegados desde el actual Chile, como los kilmes, hicieron con estos acuerdos al instalarse en los Valles. Pero, la derrota ante los españoles al mediar el siglo XVII, tras el levantamiento de Felipe Calchaquí, antes de entregarse muchos fueron trasladados al sur bonaerense. Entonces, algunos historiadores franceses afirman que en medio de ese éxodo, algunos quedaron cerca de la ciudad de Carcarañá.
No hay relatos ni leyendas sobre algún rito fundacional cristiano. Los calchaquíes, si bien colonizados y sometidos por la cultura impuesta a sangre, no eran de andar fundando ciudades como los conquistadores.  Al ser nómades, sus asentamientos eran precarios y en cada lugar no clavaban mojones, leían actas, pronunciaban solemnes discurso o hacían que un escribano registrara el hecho.
Se supone que el afincamiento en el lugar debía ser impulsado tras el largo peregrinaje  y huidas, en 1723.   
Tuella, “cronista que formuló la incómoda teoría del comienzo indio en las páginas del periódico porteño “El Telégrafo Mercantil”, fue recaudador de impuestos para la Corona y se estableció en la ciudad de Rosario en 1789, o sea, apenas 64 o 66  años después de la llegada del clan calchaquí sedentarios a la región. Mucho tiempo después, cuando ya este centro urbano lucía orgulloso su vertiginoso progreso, Juan Álvarez, hijo dilecto de la ciudad, se ocupó en desmentir el argumento de Tuella y llegó a la conclusión de que, si bien no se cuenta con acta de fundación, ni se conoce al fundador, de seguro fueron españoles quienes hicieron la ilustre faena. Postura que, de todos modos, es más racional que la que todavía circula por determinadas congregaciones católicas, que atribuyen la gesta fundacional a la mismísima Virgen”, sostiene Demarchi.
Al igual que Alvarez, muchos historiadores modernos tomaron por desquiciado a Tuella y su “Leyenda calchaquí”. Los ilustrados ocultadores de los cobrizos pasados, prefieren que sean blancos y españoles los primeros habitantes de Rosario. Así se nombra a  Gómez Recio y Santiago Montenegro, carreteros y ocupantes de campos que se instalaron en la zona, pero no en zonas donde no hubo crecimiento urbano.
Al estar regidos por leyes occidentales, cristianas y capitalista, la “apropiación jurídica” con concesiones reales, escrituras con sellos y todo eso, se consagraron como pioneros a Luis Romero de Pineda y Antonio de Vera Mugica.
 En tanto, el nombre de Godoy, cercano a los cobrizos, casi vuela del barrio y avenida que lo recordaban. Lo advertía Tuella: “Lo que ocurrió en realidad, es rechazado en aras de cierta vanidad localista impregnada de prejuicios racistas. Porque, digámoslo de una buena vez: a Rosario de Santa Fe la fundaron los indios calchaquíes”.