lunes, 23 de noviembre de 2009

Violencia es mentir

El escenario actual es complejo y cambiante. La disputa entre el gobierno y el multimedios Clarín ha enrarecido el clima volviéndolo más confuso aun. El desconcierto es general y afecta no solo a los trabajadores de prensa sino también al resto de los ciudadanos. En medio de esto, se produjo un hecho histórico para la Argentina: Se aprobó la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, La cual promete modificar el espectro de las comunicaciones poniendo fin a los monopolios que manipulan y hacen de la comunicación un negocio. Atravesamos días claves en los que se define nuestro futuro como país…Muchas son las voces que acusan al actual gobierno de que la nueva ley de medios tiene como único objetivo debilitar a su acérrimo rival: Clarín. Si bien las verdaderas intenciones del flamante proyecto no están del todo claras, lo único cierto hasta el momento es que en nuestro país la información está concentrada en muy pocas manos; y eso sí es preocupante. Lo que es verdaderamente mas grave es que estos monopolios que manipulan la información, hacen y deshacen a su antojo, glorifican la imagen de un candidato en cuestión de semanas y ven en la comunicación un negocio acusen a esta nueva ley de atentar contra la libertad de expresión y de información. Los mismos que acusan y cuestionan son aquellos que acaparan 360 licencias en todo el país y las reparten entre apenas siete grupos económicos.
Cuando más arriba se dijo que las intenciones del proyecto no estaban del todo claras se hizo referencia a la situación generalizada de desconfianza que se ha instalado en la sociedad y fundamentalmente en los trabajadores de prensa, aún esperanzados de que las cosas cambien, de que un gobierno que ha cometido infinitos errores acierte de una vez por todas permitiendo que la nueva Ley de Medios produzca un reacomodamiento de los mismos y de la prensa escrita, una mayor oportunidad laboral y garantice sobre todas las cosas el derecho a la información. Volviendo al tema en cuestión, se dice que la desconfianza es un buen lugar para nunca equivocarse y para nunca acertar. Si debe dejarse algo en claro, es que el gobierno no es la víctima de este enfrentamiento. ¿Cómo no desconfiar de un gobierno que no soporta que los medios reflejen la realidad? (una realidad que se vuelve difícil de tolerar si tenemos en cuenta que la pobreza y la inseguridad ha alcanzado niveles nunca antes vistos); ¿Cómo no desconfiar de un poder ejecutivo que disuelve los contratos privados como si nada y que amenaza con entregarlos a otros grupos privados? ¿Cómo no desconfiar de que los mismos que hoy promulgan la nueva ley no son los que antes han atacado, censurado y perseguido a periodistas del ámbito nacional? ¿Qué pasaría si el gobierno termina por vender los permisos a empresarios aliados o afines creando un espectro de medios amigos? ¿Cómo confiar en un Gobierno que reafirmo el decreto 527/05 extendiendo la prorroga por diez años más a los actuales licenciatarios? A decir verdad, se vuelve difícil por momentos… así y todo las esperanzas están depositadas en este nuevo Proyecto. Los trabajadores de Prensa tienen todas sus expectativas puestas en esta nueva Ley de Medios. Esperemos que quienes nos gobiernan no les fallen y se den cuenta de una vez por todas de que este es el momento oportuno, de que la comunicación no es un negocio sino que por el contrario se trata de un aspecto vital de todo sistema democrático. Si bien se desconfía de la clase dirigente (y con sobrados motivos) debemos reconocer que esta vez se la está criticando y no justamente por no hacer sino por hacer. Se ha puesto fin a un Decreto Ley retrogrado vigente desde la última dictadura militar: el Decreto Ley22.285. El mismo ha tocado fondo al igual que los tecnócratas que están a su favor y dicen proclamarse en defensa de la libertad de expresión. Los trabajadores de prensa esperan con ansias para que realmente y de una vez por todas la Libertad de Expresión sea un derecho y una obligación ética y moral, con la verdad como compromiso máximo sin miedo a la censura, a perder el trabajo, a la represalia… esperemos que nuestros gobernantes no nos fallen, que no le fallen a ellos, a los trabajadores de prensa. Esperemos que entiendan que no hay secreto que horizontalizar la comunicación, dándole un destino y un fin. Se ha dejado atrás un Decreto Ley que atento durante 26 años contra la pluralidad informativa, lo cual no es poca cosa. Sin embargo esto es solo el principio. La nueva Ley de Medios se deberá mejorar y trabajar mucho. Depende de todos, de que quienes están en el poder prediquen con el ejemplo. Eso es lo primordial para un país democrático como el nuestro.
El escenario es complejo. Un gigante de enorme poderío e innumerables fuerzas se trenza en duelo contra un Gobierno diezmado que no ha sabido conciliar los diferentes sectores del país. Ambos conocen mejor que nadie el verdadero poder de la palabra y la información. Es hora de terminar con confrontaciones absurdas que no dirimen los conflictos y se pierden en cuestiones superficiales. El que hemos dado es sin duda un gran paso pero el camino es largo y aun queda mucho por recorrer. Ojala el Gobierno de turno no lo entienda solo como un triunfo en su lucha personal contra Clarín sino que trabaje con compromiso e idoneidad y no caiga en el error de que las cosas se mantengan como hasta el momento.


Marcos Pellieri

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